IDENTIDAD VIRTUAL

 

Identidad 2.0, también llamada identidad digital, es la revolución anticipada de la verificación de la identidad en línea utilizando tecnologías emergentes centradas al usuario tales como el standard OpenID o Microsoft Windows CardSpace. Se encuentra dentro de la teoría de la Web 2.0, donde enfatiza en un modo simple y abierto método de identificación en transacciones cuyo proceso es similar al mundo real, como por ejemplo una licencia de conducir.

la identidad digital es lo que somos para otros en la Red o, mejor dicho, lo que la Red dice que somos a los demás. No está definida a priori y se va conformando con nuestra participación, directa o inferida, en las diferentes comunidades y servicios de Internet. Las omisiones, al igual que las acciones, constituyen también parte de nuestra identidad por lo que dejamos de hacer. Los datos, por supuesto, nos identifican. También las imágenes, su contexto y el lugar donde estén accesibles proporcionan nuestro perfil online.

Es sabido que hoy, la mayoría de las búsquedas, comienzan por Internet y principalmente por Google. Desde cualquier dispositivo las personas “googleamos” para encontrar una dirección, un producto, un servicio, un tutorial, un libro, un consejo, una receta o una persona.

Y al escribir las palabras de búsqueda sabemos que algo vamos a encontrar que nos desasne, nos oriente o nos proporcione información.

Por esto se ha vuelto práctica habitual “buscar personas – Nombres Propios” en Google. Lo hacen los selectores de personal, los que están eligiendo un nuevo proveedor, los que están por cerrar trato con un nuevo cliente o están por contratar los servicios de un profesional.

Pero aún cuando tengamos bajo control “nuestros perfiles”, lo que no sabemos es que “se dice en Internet de nosotros mismos”; cuándo nuestro “nombre” es mencionado por terceros, aún si nosotros no tenemos ningún perfil activo en internet.

Para quienes tienen una cuenta en Google, auditar de vez en cuando lo que otros ven cuando googlean su nombre es simple y puede ayudar, primero a tomar conciencia de que lo que decimos y hacemos nunca es sin consecuencias (buenas o malas), aún cuando esos dichos y acciones no hayan sido registrados por nosotros en el ciberespacio; basta con que un tercero nos mencione, asociados a un relato verdadero o falso, no importa. Lo cierto es que los contenidos de Internet gozan de credibilidad y nosotros no estamos allí para poder defendernos o desmentirlos si eso puede dañar nuestra imagen.

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